jueves, 12 de marzo de 2026

El dilema de las perdidas...

 En realidad el título debería decir “…de mis pérdidas…” porque me pareció muy pretencioso después de haberlo escrito pensar o creer que “…las pérdidas…” en general tienen que ver con mis pérdidas, esto basándome en el hecho de que, con seguridad, cada uno debe valorar de diferente forma lo que lo rodea o, mejor aún, lo que conforma o sostiene su vida, por lo que, al momento de perder alguno de esos elementos, su reacción, sus sentimientos, su dolor, etcétera, deben ser diferentes y, por lo tanto, debe ser diferente la forma en que cada uno lidiará o encarará la o las pérdidas personales.

He tenido sin dudas muchas cosas que se han ido yendo de mi vida, tanto en lo físico como en lo psíquico y material obviamente, pero, a pesar de eso, todavía me cuesta asumir algunas, más que nada con respecto a lo que me rodea y no tanto a lo que llevo encima.

¿Cómo es esto?... Tengo —si se quiere— una edad avanzada, con desgaste físico por trabajo, descuido, vicios varios y otras cosas propias del devenir del tiempo que han ido minando mi salud psicológica, física, económica y más, pero, lentamente y a veces más rápido, he podido asumir esas pérdidas con el convencimiento de que debía pasar, era inevitable, retardable pero no inevitable y, por lo tanto, lo asumí con respeto de ese orden natural e inclusive hasta presumí y me reí de ello más de una vez.

Nunca me interesé demasiado en lo económico, preocupándome a veces porque hasta me consideré algo conformista más de una vez, pero después, y haciendo análisis de mi situación, me di cuenta de que también ese aspecto es similar a lo físico e inclusive a lo psíquico: tiene una etapa de desarrollo, crecimiento, un pico y una descendente, pasando todo por tomarlo de la misma forma en que se toma lo demás.

El problema más grave de mis pérdidas se dio desde siempre en lo sentimental o afectivo, en las partidas físicas de aquellos que me rodean, ya sea porque forman parte de mi vida o porque en algún momento formaron parte, mayormente porque no logro conciliar un par de ideas o algunas ideas que van desde el extremo de lo que hice hasta lo que pude hacer para evitar o al menos retrasar esas partidas que sé, sin ninguna duda, son inevitables porque son parte del ser humano, ya sea por vejez, enfermedad, azar o negligencia de terceros.

Una y mil veces analizo cada una, durante mucho tiempo, y me doy cuenta de que yo mismo podría haber dejado la vida intentando hacer más y más y más, pero el resultado hubiese sido exactamente el mismo y solo le habría agregado otros condimentos a la cuestión.

Entonces empecé a imaginar situaciones que tengan un inicio, un desarrollo y un desenlace ya predeterminado, como por ejemplo un hecho histórico cuyo inicio y final esté debidamente comprobado y que, sin importar los giros que se puedan dar a su desarrollo, el final va a ser inevitablemente el mismo; así pues, tenemos una situación que debe iniciar en el punto A y debe terminar en el punto B y dicha situación se trata de un poderoso objeto —al que llamaremos Y—, siendo transportado por Z y que va a causar el deceso del portador del mismo, o sea Z, en forma inevitable una vez que haya llegado a B; a esa situación agregaremos en forma compulsiva una variable o sujeto a quien llamaremos X, el cual no pertenece a la historia original; X se introduce en el camino de Y entre A y B, tratando de sustraerlo de la guarda de Z, apropiándose o evitando que llegue, pero, a pesar de que se suscitan un montón de circunstancias en las que interactúan X, Y y Z, ya sea porque en algún momento X logra apropiarse momentáneamente de Y, luego Z lo recupera, después se sucede lo contrario, van hacia un lado o hacia otro, luego para atrás y luego para adelante, suman tiempo, restan tiempo, aparecen personajes o cuestiones perimetrales, etc., pero invariablemente tanto X como Y y Z terminan en el punto B y, de la misma forma, Y acaba con la vida de Z tal y como lo marca la historia, es decir que la introducción de X en el desarrollo del evento, que ya es conocido cómo empieza y cómo termina, puede sumar o restar tiempo, agregar o quitar quizás un poco de dramatismo o sufrimiento, pero invariablemente el resultado será el mismo.

Entonces he llegado a la conclusión de que, a mis pérdidas al menos, debo encararlas desde ese punto de vista y haciendo un análisis de quién es quién en el esquema del dilema, cosa que, a mi forma de entender, cae por su propio peso: yo soy X... Cualquiera de las pérdidas sufridas, sin importar el grado de participación, hubiese tenido el mismo desenlace. ¿Pude sumar tiempo o tal vez restarlo, quitar dramatismo o sufrimiento?... No lo sé..., es algo que nadie, pero absolutamente nadie, puede despejar en la ecuación del dilema porque es meramente especulativo y depende en su momento de variables incomprobables, y debo conformarme con lo que di, lo que hice y lo que empíricamente puedo comprobar que hice bien y que hice mal, disfrutando de lo que hice bien y tratando de aprender a vivir con lo que yo entienda que hice mal sin dejarme influenciar por opiniones externas.

jueves, 29 de enero de 2026

El Reloj de Arena

 No olvides, caminante atento, que la gloria es un segundo, un suspiro en el gran viento que recorre todo el mundo; la vida es solo un momento en este mar tan profundo.

Mira el oro y la belleza, mira el cetro y la corona, todo acaba en la bajeza que la tierra no perdona; muere igual la gran riqueza que la más humilde persona.

El reloj no se detiene, su arena es polvo de olvido, y aquel que más se previene halla el tiempo ya perdido; nada de lo que se tiene vuelve a ser lo que ya ha sido.

Tus pasos son el camino hacia el frío del osario, pues no hay fuerza ni destino que altere el itinerario; somos humo, somos vino derramado en el calvario.

La flor que hoy el sol alcanza y presume su color, perderá su confianza ante el marchito dolor; no hay en la carne esperanza que no venza el segador.

Vive con la muerte al lado, no por miedo, sino luz, pues lo que fue ya pasado lleva el peso de su cruz; recuerda lo sentenciado: pulvis eris, sombra y luz.

Oración genérica.....para quien la necesite...

 Hoy, vaya a saber uno porque extraña razón, desperté y sentí la necesidad de rezar, si...rezar, pero ahí empezó un dilema que mantuvo ocupado la mayor arte del día mientras hacia mis tareas en soledad como siempre; pero ¿cual era el dilema? , que no profeso fe realmente seria hacia ningún dios o religión pero también guardo simpatía por varios de ellos y ellas, todas tienen lo suyo, así es que lentamente fui armando una linda oración para soltar al viento y que la recoja aquel Dios que se sienta identificado y tal vez, solo tal vez decida tirarme un cabo...por aquí se las dejo, ya que tal vez y solo tal vez le sirva a alguno de mis imaginarios lectores...

Oh¡ señor ...

Quien quiera que seas, 

como quieras que te llames, 

estés donde estés, 

hagas los que hagas,

perdona a estas pobres almas pecadoras,

cualquiera haya sido su pecado,

no importa donde haya sido su pecado,

 con quien haya sido su pecado, 

cuando haya sido su pecado, 

 y que lleguen con bien

donde sea que vayan, 

con quien sea que vayan, 

cuando sea que vayan,

como sea que vayan, 

porque tuyo es algún reino, 

y obviamente tuya sera la gloria

donde quiera que sea

cuando quieras que sea.


AAAAAmen o como se diga en todas las religiones.

domingo, 18 de enero de 2026

El primer lamento.

 

Del cálido refugio del olvido, donde el silencio es paz y es mansedumbre, se desprende el ser, recién nacido, hacia la cruel y extraña pesadumbre.

Cruza el umbral de carne y de agonía para encender una luz que ya se apaga; nace el llanto que anuncia la elegía, el primer rastro de una antigua llaga.

Bienvenido al exilio de la vida, al hambre, a la fatiga y al quebranto; donde toda promesa es una herida y el tiempo se disuelve en el espanto.

Naces con manos llenas de vacío, listas para aferrarse a lo que muere; vienes a padecer el calor y el frío, y a amar aquello que después te hiere.

Te han arrojado a un mundo de ceniza, lejos de la absoluta inexistencia; donde la muerte, con su faz de brisa, va reclamando toda tu inocencia.

Es el bautismo de la voz doliente, el despertar a un sol que solo quema; la soledad se clava en tu frente como la marca de un eterno emblema.

Cada latido es solo una cuenta que te acerca al final del recorrido; nacer es una deuda que se inventa para pagar por no haber sido hundido.

Pobre criatura de ojos asustados, que al aire le robaste el primer grito; ya somos dos los seres condenados al breve espacio de lo que es finito.

El Invierno del alma

 Se apaga la mirada en el espejo, la piel es ya un papel de ajado trazo, y el tiempo, como un frío y cruel reflejo, nos quita la memoria del abrazo.

Las voces se perdieron en el viento, la casa es un desierto de ceniza; ya no hay alivio para el sentimiento, ni rastro de una antigua y fiel sonrisa.

La soledad se sienta a nuestra mesa, compañera de sombras y de olvido, el peso de la ausencia nos apresa en este cuerpo roto y ya vencido.

Al fin vendrá la muerte, silenciosa, a cerrar este ciclo de amargura, dejando solo el polvo y una rosa bajo la paz de la tierra más pura.